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Es una Institución de la Conferencia del Episcopado Mexicano que coadyuva con cada Obispo en su diócesis para llevar a cabo el trabajo de Asistencia Social Sacerdotal.
Promueve e impulsa expresiones concretas de solidaridad fraterna sacerdotal bajo el espíritu de comunión.
Atiende al Sacerdote en sus necesidades de salud, descanso, vejez o invalidez para que pueda llevar a cabo la misión que Dios le ha encomendado según la etapa de la vida en que se encuentre.
Funciona a través de un Representante Diocesano que cada Obispo nombra para realizar los trámites de sus presbíteros ante el CCyAS.
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Es de suma importancia destacar en primer lugar que el CCyAS es una Institución de la Conferencia del Episcopado Mexicano sin fines de lucro y que en ningún momento es una compañía de seguros comercial. En segundo lugar que el CCyAS no es una caja de ahorros o algo similar, sino que el criterio de financiamiento de los servicios se hace conforme al sistema de captación de recursos y reparto conforme necesidades, ya sea de pensiones o gastos médicos.
El CCyAS por su parte, procurará buscar los medios para dar un servicio más efectivo a todos sus socios. Lo anterior no cubre toda la responsabilidad que cada ordinario tiene de complementar la seguridad social de su Clero.
Los servicios que otorga el CCyAS básicamente son dos: el Plan Mexicano de Previsión Social Sacerdotal (PMPSS), el cual es obligatorio para todos los presbíteros Diocesanos del país conforme acuerdo de la Conferencia del Episcopado Mexicano y El Plan de Salud Sacerdotal (PS-Sac), el cual es opcional.
Para poder participar del Plan de Salud Sacerdotal, es indispensable para las Diócesis el haber cubierto plenamente las Aportaciones del Plan Mexicano de Previsión Social Sacerdotal e inscribir en el Plan de Salud, al menos un 90% del Presbiterio de la Diócesis.
Las Revisiones Médicas Básicas y Específicas son parte integral del Plan de Salud Sacerdotal, por ello, para ser solicitadas estas revisiones, deberán estar inscritos los Presbiterios en el Plan de Salud Sacerdotal.
Todos los trámites ante el CCyAS para reclamar cualquier beneficio de estos servicios los debe realizar el Representante Diocesano, ya que es consecuencia de un acuerdo firmado del CCyAS con la Diócesis y su Representante.
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Desde 1953 la Arquidiócesis de Yucatán pidió al Comité Episcopal el establecimiento de un Seguro para los Sacerdotes.
En octubre de 1957 el Obispo de Chihuahua Antonio Guizar y Valencia propuso a todos los Obispos ayudar a os Sacerdotes ancianos, enfermos y pobres, con una pensión, medicinas y gastos de defunción. La iniciativa se aprobó y se turnó a la Comisión del Clero.
Nacieron algunas agrupaciones de Sacerdotes y organismos diocesanos con esta finalidad. Entre las agrupaciones voluntarias nació también, en mayo 17 de 1961, la Sociedad Mutualista Guadalupana de los Exalumnos de Montezuma, como expresión voluntaria de Solidaridad Sacerdotal y de Fraternidad Nacional, siendo el primer afiliado S.S. Beato Juan XXIII, Angelo Roncalli, seguido por el Eminentísimo Sr. José Cardenal Garibi Rivera y el Excmo. Sr. Delegado Apostólico Dr. D. Luigi Raimondi, quien deja estampada su firma.
Esta Mutualista cambió de personalidad jurídica y de nombre en 1965, convirtiéndose en el Círculo Cultural y de Asistencia Social, Asociación Civil (CCyAS).
Hasta 1967 funcionaron varios planes de Vejez e Invalidez auspiciados por Adveniat, tratando de responder a las necesidades concretas del momento.
Durante la Asamblea Plenaria de febrero de 1968 el Episcopado Mexicano asumió “la “Mutualista Sacerdotal” (CCyAS) como medio oficial para establecer el Seguro Sacerdotal y llegar a tener el instrumento para el seguro social a favor del clero”. “Además del seguro contra enfermedad, la Asamblea acepta apoyar la formación de un fondo nacional, independiente del fondo de la mutualista sacerdotal, para jubilación y retiro”.
En febrero de 1974 la Asamblea decide “Que no se cree Comisión alguna para la previsión social del Clero, sino que el CCyAS se vincule con la CEM, a través de la Comisión del Clero”. En 1977 el padre presidente del CCyAS pasa a ser Secretario Adjunto de la Comisión del Clero. En 1982 la CEM crea el Departamento Episcopal para la Previsión Social del Clero y se propone impulsar el espíritu de solidaridad y la previsión social del clero, mediante la consolidación del CCyAS y otros servicios a Sacerdotes. El Presidente del CCyAS funge como Secretario Ejecutivo del Departamento Episcopal.
En 1987 se crea el Plan Mexicano de Previsión Social Sacerdotal basado en un proyecto propuesto por ADVENIAT y aprobado por la CEM el 30 de octubre del mismo año.
En el Plan Orgánico de Trabajo Pastoral de la CEM 1989-1991 el Departamento Episcopal para la Previsión Social del Clero “se identifica a sí mismo como el órgano creado por la CEM para llevar a cabo el trabajo de asistencia social sacerdotal (vejez, invalidez, salud, descanso, defunción, etc.)” y se propone continuar “con todo lo ya establecido hasta el presente por el CCyAS en planes y servicios...”
Desde 1997 el obispo presidente del Departamento Episcopal para la Previsión Social del Clero es también Presidente del CCyAS.
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El CCyAS es también una Asociación Civil, legalmente reconocida y sujeta a las normas comunes del Derecho Civil. Su registro data del 17 de agosto de 1965 en la Secretaría de Relaciones Exteriores y del 6 de diciembre del mismo año en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Conforme a su estatuto civil, el CCyAS tiene por objeto “dar a sus socios (ministros de culto) atención cultural y servicio de asistencia social en todos sus aspectos para lograr mayor grado de bienestar moral y material”.
Como Asociación Civil el CCyAS acata y cumple todos los requisitos fiscales que las leyes civiles imponen a toda asociación. Por eso, desde 1983 se impuso la práctica de las auditorias anuales, contables y administrativas.
El hecho de que sea el CCyAS una Asociación Civil no significa que sea una empresa comercial vendedora de servicios a sus clientes. Mantenemos un espíritu de mutualidad y solidaridad, donde compartimos riesgos y beneficios.
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Ha sido preocupación constante de la Iglesia en México buscar caminos e instrumentos que hagan posible una auténtica comunicación de bienes entre las Diócesis y entre los Sacerdotes.
Al CCyAS se le ha encomendado esta tarea, poco fácil, en el campo de la Previsión Social Sacerdotal. De alguna manera se ha logrado este propósito al aceptar el Episcopado en Plano la participación de todas las Diócesis en un Plan común de pensiones iguales para todos los Sacerdotes Diocesanos de la República, mediante una aportación diferenciada. Pero el camino aún es amplio y esta abierto al espíritu cada vez mas solidario y a nuevas iniciativas de los Obispos y Sacerdotes.
De las instituciones diocesanas que existen con fines semejantes, algunas ofrecen mayores y mejores servicios que el CCyAS. No todas las Diócesis lo pueden hacer. El CCyAS ha venido mejorando sus Planes, poco a poco, en cantidad y en calidad.
Pensamos (con León Felipe) que “lo importante no es llegar solo y primero, sino con todos y a tiempo”.
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Como obra humana el CCyAS ha caminado con deficiencias y errores, pero siempre honestamente: sin intereses bastardos y con la mejor voluntad de servir; limitado en su acción, siempre superable y siempre corregible; sujeto a los embates imprevistos de la economía y aun de la política. También, como obra humana, en sus 40 años de vida continuada el CCyAS ha sido capaz de acumular experiencias provechosas y prácticas no todas positivas, ni conscientes; pero se ha mantenido en ascenso constante, a pesar de obstáculos y tropiezos, con la mirada puesta más en el futuro que en el pasado.
A partir de 1994, con el deseo de brindar un mejor servicio, CCyAS contrata a una empresa aseguradora (Génesis Metropolitan Santander) para ser asesorados en el desempeño administrativo, con el fin de que después de haber adquirido la experiencia necesaria, pudiera irse independizando de terceros y poder, de este modo, otorgar una atención de mejor calidad.
En 1997, CCyAS se deslinda de la empresa aseguradora, contratando con ella una sola póliza de Suma Asegurada Adicional, y permanece con el personal del Departamento de Gastos Médicos coordinados por el Ingeniero Antonio Villalvazo Baz hasta llegar al momento de plena autonomía con personal propio de la Institución.
A finales de 2001 el Consejo Directivo del CCyAS considera el momento oportuno para iniciar el tan anhelado sueño de autonomía y es en junio de 2002, que el CCyAS da el paso definitivo que le permite iniciar el nuevo caminar con personal propio, con un nuevo brío, con una nueva esperanza.
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El espíritu del CCyAS se fundamenta en la Solidaridad Fraterna Sacerdotal.
La solidaridad es fruto de la comunión y ella se basa en el precepto del amor mutuo (I Jn 3, 23‑24); es urgente esta actitud de fraternidad, porque gran parte de los problemas actuales tienen su origen en causas económicas y sociales que serían superadas si se aplicara el principio de solidaridad.
El fundamento de esta solidaridad se encuentra en descubrir a la luz de la fe, en nuestra vida, a Jesucristo vivo, muerto y resucitado, y presente hoy en la Iglesia para motivar tres actitudes que los Sacerdotes estamos llamados a asumir para prepararnos al encuentro con el Señor Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote de la historia y de la eternidad.
La primera actitud en nuestra personalidad sacerdotal es el encuentro con la persona divina de Jesús en nuestro caminar social de hoy, este encuentro tiene lugar en el ejercicio de nuestro ministerio bajo la guía del Espíritu Santo para continuar anunciando en el continente latinoamericano el mensaje de Jesús a través de una Nueva Evangelización que propone a Jesucristo como único camino de verdadera salvación. Es un camino que supone el esfuerzo de todos, de manera especial de los Sacerdotes.
La segunda actitud brota de la conversión personal sacerdotal y social, como un requisito para el encuentro con Jesucristo Sacerdote y Víctima. Esto motivará a nuestros presbíteros a permitir el crecimiento de los valores evangélicos; ya que nuestra misión sacerdotal es promover la renovación interior y la reconciliación de todos los hombres, eliminando diversas formas de discriminación, la desigualdad económica entre nosotros Sacerdotes y otros elementos de división constatables en algunos de nuestros presbiterios.
La tercera actitud, como consecuencia de la conversión, es la comunión con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Los caminos en los cuales la Iglesia puede trabajar para construir la comunión son muchos: la dimensión comunitaria en la vida litúrgica y sacramental, la práctica de la caridad sacerdotal, el ecumenismo y la evangelización de la cultura.
De esta manera resulta la solidaridad como expresión visible y concreta de la comunión en Cristo. Partiendo del mandato del amor fraterno, que Jesucristo nos dejó a los Sacerdotes como tarea a realizar, sentimos la exigencia de vivir una nueva cultural de solidaridad, especialmente con aquellos que viven una situación difícil por razón de edad, enfermedad o condición económica, de tal modo que el CCyAS propicie que el joven ayude al anciano, el sano al enfermo y el que tiene al que no tiene.
Por lo anterior concluimos que el ejercicio de la caridad (solidaridad) nos obliga a todos a cumplir el precepto divino “Este es mi mandamiento que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15, 12).
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